Viaje a Uzbekistan: Valle de Fergana


El Valle de Fergana es la región más densamente poblada de Uzbekistán, con un tercio de la población del país. Es como un gran oasis rodeado por los sistemas montañosos del Tien Shan al norte y el Hissar Alay al sur, atravesada por los ríos Naryn y Kara Darya, que acaban formando el río Sir Daria. La mayoría de la población es agrícola y los principales cultivos son el algodón, la papa y el arroz. La producción de la seda viene de tiempos antiguos. Los recursos naturales más importantes que posee el Valle de Fergana son el gas, el petróleo y las minas de Jade.

En la era soviética el valle se dividió entre las fronteras de tres estados: Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán, aunque la parte uzbeka es la mayor, sin embargo la distribución de sus riquezas como la del agua es muy desigual.  Esto, unido a la desintegración de la antigua URSS y al radicalismo islámico ha generado malestar e inestabilidad en esta zona; que ha culminado en los conflictos del 2010 y que arrojaban un cierto temor por ver lo que no íbamos a encontrar.

Así que temprano hicimos el check out en el hotel, con cierta dificultad, porque no podíamos pagar con tarjeta, al ser día de fiesta y no funcionar el sistema de comprobación de tarjetas con el Banco o eso nos dijeron. En fin, tomamos un taxi compartido hasta el Bazar Kuykul, desde donde salían los transportes con dirección al valle. El transporte en autobuses con el valle está prohibido, solo hay transporte aéreo y mediante taxis compartido. Es una pena no disponer ni de fotos ni de video de lo que allí ocurrió. Al entrar en el bazar el taxi fue rodeado por una multitud que se empujaba y apretaba contra el coche intentando hacernos llegar la mejor oferta. Al bajarnos para recuperar las mochilas oímos a un chico decir en inglés; “I speak in English  y nos fuimos con él dejando a la muchedumbre cabreada. Era casi lo único que sabía decir en inglés, así y todo conseguimos pactar el precio del viaje hasta Kokand (Qo‘qon / Қўқон) por 30€, por los cuatro y las casi 4 h que duró el viaje.


Fue una sorpresa descubrir que el coche era de gas y tenía en el maletero el depósito, que llenamos en una estación de metano. A más de 40ºC, cada bache que cogíamos me daba un vuelco el corazón.


Un misterio fue los cambio de velocidad, ora íbamos a 60 km/h ora a 140 km/h. Llevábamos un detector de radares de policía y cada cuanto sonaba, aunque no se veía ninguna patrulla. Nos detuvimos en varios controles policiales y teníamos que bajarnos y acercarnos hasta una caseta donde controlaban la documentación, otras veces, el conductor reducía la velocidad para hacer un stop, aunque no hubiese nadie en el cruce de carreteras en medio de la nada. Yo pensé si nos vigilaban por satélite.


Poco a poco la carretera se empina dejando atrás embalses y ríos que descienden a un lado de la carretera y comenzamos a subir por un estrecho valle cruzando varios túneles, con la presencia de militares armados hasta los diente, incluso en el interior de los túneles y carteles de prohibido hacer fotos. Continuamos hasta llegar al paso de Kamchik, de 2.670 metros. En las curvas hay coches de policía silueteados en cartón para intimidar a los conductores.


El conductor, con el que hicimos buenas migas, se llamaba Elyor y nos insistía en comer por el camino, pero nosotros lo que queríamos era llegar a la ciudad de Kokand (Qo‘qon / Қўқон), refrescarnos y almorzar algo y comenzar la visita. Habíamos reservado en el hotel Dangara (60 € 2hab/1noche) a unos 2 km del centro de la ciudad. El recepcionista que dominaba el inglés perfectamente hizo de traductor con nuestro chófer para las excursiones de la tarde y del día siguiente. Ire y yo estuvimos enseñándole donde estaban las Islas Canarias en la bola del mundo que tenía en el hall.


Elyor que vivía en la ciudad nos recogió a la hora fijada y nos llevó a nuestra primera visita el Palacio del Khan, Khudayar khan (5.000 sums pp), nombrado como Orda. El palacio se encuentra ubicado como la pieza central de Muqimi Park, fue finalizado en 1873. Se accede por una vía pavimentada que asciende hasta un portal monumental flanqueado por dos torres. La alargada fachada del edificio está profusamente decorada con ladrillos vidriados de colores variados, donde predomina el azul frente a amarillos, naranjas y verdes.


En la actualidad el palacio solo dispone de 4 patios y 19 habitaciones, de los 7 patios y 114 habitaciones que poseía. Además la mayoría han sido transformadas en museos. Podemos encontrar desde joyas, ropa y artículos de metal hasta piezas arqueológicas, armas, así como  interesantes fotografías.


El conjunto da a un patio suntuoso interior rodeado de un espléndido iwan, (pórtico) que data del siglo XV. Los postes originales se exponen bajo el iwan sur, sostenido por columnas de madera originales.


Un tercer patio interior algo más pequeño y recogido nos lleva hasta una antigua mezquita y otras salas con los techos decorados en estilo tradicional. También podemos ver los carritos de Kokand y sus características ruedas desproporcionadas.


En el ala izquierda del palacio se encontraba la antigua sala de recepción del khan. Está decorado del suelo al techo en el estilo tradicional uzbeko. Una maqueta del palacio permite ver el harem (el khan tenía 43 mujeres) que se destruyó en la toma de Kokand por los Soviéticos.


Nuestra siguiente visita fue la Mezquita Juma, la más impresionante mezquita de Kokand, construida por Umar Khan en 1812. Destaca su minarete de 22 metros y el colorido aiwan (pórtico) de 100 metros de largo, apoyado en 98 columnas de madera roja traídas de la India y decoradas en diversos colores y tallas tradicionales de Fergana.


La mezquita se encuentra al sur de Mukimi Park a lo largo de Turkestán Street.  Al fondo del patio hay un pequeño museo de artesanía que alberga una colección de suzani (bordados en seda y algodón) y cerámicas de la región.


La Mezquita Narbutabey, junto a la Mir Medressa, el mausoleo Modari-Khan y la tumba Dakhma-i-Shakhon comprenden un complejo, que está situado en la parte antigua de Kokand. La mezquita fue construida en 1799 en la parte occidental del cementerio central sobre la plaza Chorsu.


La Madrasa fue fundada por Narbuta Khan. Clausurada por los rusos, está operativa de nuevo como centro de enseñanza. Se puede visitar dándole al vigilante una propina de 2000 sums/pp. Luego nos pidió 5000 sums/pp por visitar los dos mausoleos que se encuentran a la izquierda del recinto, pero nos negamos.


Quisimos visitar la Madrasa Kamal-Kasi pero fue tan grande la perdida de Elyor que terminamos en esta otra Madrasa custodiada por un enjambre de chiquillos y doñas que nos enseñaron muy orgullosas esta escuela coránica.


Fueron a buscar unas llaves grandes y antiguas para enseñarnos las celdas donde estudiaban, comían y dormían los estudiantes y la sala donde eran encerrados durante 45 días hasta que se supieran los pasajes del Corán y superaran el examen al que los imanes los sometían.


Tanto que habíamos leído y oído sobre esta zona y lo diferente que es en realidad la gente cuando uno tiene oportunidad de dedicarle tiempo, escucharlos y dialogar con ellos por señas o simplemente mostrarles una sonrisa. Con llevarte la mano al corazón ya entiende cuáles son tus intenciones y si les dices “Salam alekum” sus rostros se iluminan de felicidad. Son gentes muy sencillas, amables y les gusta hacerse fotos contigo. Me queda pena no poder haberles dejado unas copias, solamente mostrárselas en la pantalla de la cámara.


Elyor nos paró en varios sitios a que probáramos, primero una especie de bebida parecida al “clipper”, una soda con sirope de alguna fruta, super dulce de color ambarino, se llamaba  Gaz Voda”; “Gaz Woter”, luego en otro puesto nos invitó a una especie de yogur parecido al kéfir, ácido y agrio, “katyk” or “ayran”, que Rosi se mandó el vaso completo para no hacer un desaire, Francis casi no se vomita al probarlo.




Aquí conocimos al amigo Timur, que era aficionado del Real Madrid y le dijo a Ire, “paparazzi”; fue muy simpático y amable. De hecho seguimos en contacto por whatsapp.


Al día siguiente Elyor nos esperaba para visitar el pueblo de Rishton, famoso por sus cerámicas, sobre todo estábamos muy interesados en los platos. La carretera estaba cortada y tuvimos que desviarnos perdiendo mucho tiempo. Antes de llegar había muchos puestos por la carretera y compramos los platos (4 hondos y 4 llanos) por 56.000 sums.



Fue una pena no poder ir a las fábricas y ver el proceso. Pero nuestro avión salía de Tashkent a las 18:40 h y era cerca del mediodía.


De regreso Elyor nos paraba en cada puesto que veía en la carretera, que si sandias o melones, que si frutos secos, que prueben esta especie de albaricoques secos y siempre nos invitaba.



Esta vez se nos hizo más largo no sé si porque íbamos pensando en que teníamos que tomar el avión o que nos encontramos un convoy de 12 guaguas de niños y soldados, escoltados por coches de policías que no dejaban adelantar. Ire, por fin, pudo filmar los famosos carteles de cartón-piedra de la policía.


Después de 5 horas, por fin llegamos al aeropuerto de los vuelos locales, Tashkent-3. Nos despedimos de Elyor y aunque nos dio su número de móvil, al no tener whastapp no pudimos comunicarnos con él.



El pasaje lo habíamos comprado en el aeropuerto de los vuelos locales, el Tashkent-3, en la ventanilla de Uzbekistan airways (520 €/los 4). Después de unos ligeros controles subimos al avión y viajamos en primera al no haber encontrado billetes de clase turista, aunque solo nos dieron una toallita y un zumo. El vuelo hasta Urgench duró 1:30 min y al bajar notamos el calor sofocante.


El aeropuerto de Urgench es muy coqueto, aunque pequeño. Como no facturamos las mochilas no tuvimos que esperar a nada y salimos al exterior en busca de alguien que se ofreciera a llevarnos hasta Khiva, que dista unos 30 km (25 min). Después del regateo típico nos llevan por 10€, aquí los coches son de gasolina. Ya de noche llegamos a nuestro hotel Old Khiva (52€ 2 nochesxp).

 

Nuestro alojamiento estaba enfrente la puerta oeste y no pudimos resistirnos a dar una vuelta nocturna…es un espectáculo que te deja sin palabras. Esta es una de las razones por las que hay que viajar, no es lo mismo desde el sillón de casa. Cenamos en el Zerafshan Chaikhana, en una terraza exterior; el típico plov, unos noodles rellenos de carne y vegetales, pollo asado y unos tallarines en salsa de eneldo que estaban riquísimos.

Una reflexión sobre el Valle de Fergana. Mucha gente no viaja hasta él porque les han vendido que no tiene nada tan monumental como otros lugares de Uzbekistan, o porque es peligroso,  o porque son gente muy cerrada, musulmana, etc. En fin, nada más alejado de la realidad, empezando por sus gente, monumentos culturales, religión, etc. Nos hubiese gustado visitar al menos Margilan, Fergana y Andijon…esto serían al menos 2 días más.

La próxima entrada será desde Khiva….